¿Por qué avergüenza a las mujeres reconocer que se masturban?
Es una experiencia muy común entre las mujeres sentirse avergonzadas a la hora de reconocer ante terceros que se masturban. En ocasiones, no se es capaz de admitirlo ni ante la propia pareja.
Esta vergüenza está muy documentada en los estudios realizados al respecto. Y es la responsable de que las mujeres tiendan a mentir sistemáticamente sobre su frecuencia auto erótica en las encuestas.
Factores influyentes
Hay tres factores que influyen en que las mujeres teman reconocer que se masturben y se avergüencen de esa actividad sexual: el entorno social, su personalidad y el modo como aprenden a masturbarse. Los tres interactúan entre sí y se alimentan unos a otros.
Respecto a la personalidad, las mujeres que más se avergüenzan en reconocer que se masturban son las más dóciles socialmente hablando, las menos asertivas y las más neuróticas e introvertidas. Mientras que las extravertidas y las socialmente más asertivas se sienten menos inhibidas a la hora de reconocer esa actividad y suelen responder con mayor sinceridad cuando se les pregunta si se masturban. La relación entre extroversión, mayor reconocimiento de practicar el coito y masturbarse, y tener mejores actitudes hacia tales practicas sexuales, son hallazgos que se repiten en varias investigaciones lo que les da mayor verosimilitud.
(Los hombres también mienten en las encuestas sexuales. Pero lo hacen en una dirección sorprendente. Una parte importante de ellos aumentan sistemáticamente la frecuencia con la que acuden al placer solitario, por lo que en las encuestas ellos siempre confiesan una reincidencia autoerótica que duplica a la que declaran las mujeres, cuya tendencia a responder es la contraria. De modo que, mientras ellos fanfarronean en las encuestas sexuales, ellas, y entre todas las menos asertivas, las más introvertidas y las más sometidas socialmente, se esconden. Para las mujeres, la masturbación es, en cualquier caso, algo humillante que debe ocultarse; un motivo para avergonzarse más que para vanagloriarse).
¿Algo sucio?
Otros aspectos personales que favorecen que las mujeres tiendan a considerar la masturbación como algo inconfesable viene de la idea que de sí mismas gustan dar ante los demás. Una de ellas es la de limpieza. Más aún si se relaciona con los genitales. Muchas mujeres albergan el íntimo temor a que éstos sean “feos”, “sucios” y “malolientes”. Dado que cuando una mujer se masturba suele tocar su zona genital, se ha transferido los equivocados atributos estéticos del lugar de la acción (los genitales) a la actividad en sí misma. Por eso, al considerarse “sucios” los genitales, tocarlos, como se hace durante la masturbación, resulta (estéticamente) “asqueroso”; de modo que la masturbación también será mala, anormal, inconfesable, repugnante...: “una cochinada”, literalmente “una guarrería”. Desmejoraría mucho la imagen de limpieza que deben dar de cara al exterior. Son precisamente las mujeres más proclives a negar que se masturban las que alcanzan puntuaciones más altas en los tests de orden, limpieza y pulcritud.
Tradicionalmente, la mujer ha sido y es considerada una dispensadora de cuidados (el hombre lo sería de alimentos y, actual e incomprensiblemente, también del placer sexual femenino). Siempre ha cuidado bebés, ancianos, enfermos, esposos, la intendencia del hogar, la economía doméstica, etc. Por tanto, forma parte de su imagen pública ser portadora de los rasgos que posibilitan dicha actividad, como son: el altruismo, la generosidad, el ser dada a los demás y la capacidad de servicio.
Un acto muy poco “solidario”
Como muchos consideran que la masturbación es una actividad insolidaria con la especie humana al impedir la procreación, es calificada de egoísta: elude el trato con el otro. Por esa misma razón, algunos consideran que la masturbación femenina no puede ser normal.
¿Cómo va a practicar una actividad insolidaria, egocéntrica, desprovista de amor, una mujer que es solidaria por definición y tiene entre sus características esenciales la generosidad? ¡Eso es propio de los hombres, tradicionalmente considerados sucios y egoístas, pero nunca de una mujer!
Considerar el autoerotismo propio de personas emocionalmente inmaduras y aisladas contribuye a que las mujeres teman reconocer hacerlo, pues ellas suelen sentirse en las antípodas de esa definición. Las mujeres tienden a sentirse perfectas, maduras (en cualquier caso más que los hombres; es una idea que flota en la calle y puede rastrearse en los foros femeninos de Internet), segura de sus sentimientos y que sólo busca la relación sexual en un contexto maduro y altruista de amor. No puede extrañar, por tanto, que bajo semejante forma de ver las cosas no pueda concebirse que la masturbación sea cosa de mujeres. Lo conveniente es creer que masturbarse “no puede ser” normal entre ellas. Y esta idea inhibe a muchas a la hora de reconocer tales actividades en sí mismas.
Es difícil llegar a ser del todo sinceras
Puesto que el coito vaginal es también considerado por muchos como la única relación sexual “verdadera”, la masturbación sería un mero sustituto para gente incapaz de encontrar una pareja a quien querer y de quien recibir amor. Para gente sin atractivo, en suma. En el caso opuesto, si una se masturba pese a disponer del amante más atractivo y eficaz del planeta, eso significaría que es portadora de insaciables necesidades sexuales. Una ninfómana, en definitiva. ¿Qué mujer se va a atrever admitir masturbarse ante perspectivas tan poco alagüeñas de cara a los demás? (ser un adefesio o una ávida sexual patológica).
Suele creerse que estas ideas ya están superadas, pero muchas mujeres mantienen aún muy arraigado el prototipo femenino convencional; razón por la que se sienten harto incómodas y molestas cuando algo pretende mostrarlas a los demás como seres con deseos sexuales y necesidad de satisfacerlos. Estas mujeres no pueden reconocer como normal la masturbación femenina porque las presenta como seres “deseantes”; muy lejos del aspecto que anhelan mantener de cara a los demás: personas que no tienen pasiones o las dominan siempre, relacionándolas y justificándolas continuamente con el amor. Masturbarse reflejaría lo contrario y, por tanto, lo consideran una actividad anormal e inexistente entre damas “de orden”; algo pues inconfesable para la inmensa mayoría de ellas que sí se masturban.
Es obvio que en un grupo social donde estas ideas se mantienen aún vivas impidan que las mujeres se muestren sinceras respecto a su masturbación. Pero es que el aprendizaje diferenciado de esta actividad sexual también condiciona que las mujeres tiendan a mentir sobre su actividad auto erótica mientras los hombres tienden a exagerarla.
http://mujer.terra.es/muj/articulo/html/mu214467.htm
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A ver, que opinen las interesadas





