Burning en Directo [divx-mp3]
Si buscamos las claves de Burning hacia atrás, hay una fecha, principios de 1972; un lugar, el madrileño barrio obrero de La Elipa, junto a Ventas; y unos personajes: los adolescentes Quique Pérez, un joven "dylaniano" que tocaba la guitarra y amaba ya a los Stones, y José Casas "Risi", carismático muchacho de inefable sonrisa que casi nació ya pegado a la "negrita" Gibson Les Paul que le acompañó hasta morir.
Quique es quien enseña la música sajona a su adolescente amigo: nada que ver con las folclóricas, las canciones de verano y los plúmbeos cantautores que se escuchaban por aquí. Y reclutan a otro colega siempre cambiante -Burning nunca ha logrado tener un batería estable- para formar un trío que se divierta y se ligue las mejores nenas del barrio, pero haciéndolo desde la elegancia cheli y "underground" que da el saber versionear a Deep Purple, Free, los Rolling. Nada que ver con la España oficial que sucede en el centro de la ciudad, aún abotargada bajo los yugos, las flechas y la tecnocracia del anciano general.
Burning no existía aún, sino un grupeto llamado algo así como "Los cuartos divinos" (en inglés). Risi es ya un imán para todos, en cuyas redes musicales van cayendo cuantos le rodean. Antonio era otro chico de La Elipa con quien Pepe había compartido juergas y borracheras en las tabernas, y cuya mayor pasión era ¡el fútbol!. Risi le puso un bajo eléctrico en las manos para completar la banda, y como pronto se vio que tenía mucho más talento con la voz, Quique se encargó del bajo y Toño se convirtió en una extraordinaria voz solista y, quizá contra pronóstico, en el "alter ego" compositivo de Risi, remedando el dúo Casas/Martín a los Jagger/Richards del otro lado.
Pero Risi sigue inquieto, y en los locales de ensayo convence a Juan Antonio "Johnny" Cifuentes para que abandone su propio grupo y se una a los nacientes "Burning", como pianista, instrumento que curiosamente hasta entonces nunca había tocado. En enero de 1974 ya tienen su nombre de toda la vida, "BURNING", que según Quique se debe a que el día que bautizaron la banda hacía mucho calor, y según Toño, siempre más lujurioso, porque eran "los más calientes" de todos.
La verdad es que no hay muchos sitios donde tocar. Quitando las ocasionales matinales de la sala "M&M", precursora del rock español, apenas están las fiestas de los pueblos, con un público no siempre roquero, ni complaciente: Burning son a veces apedreados, como en Colmenar. Por no hablar de la peligrosa discoteca "Red Gold" de Carabanchel, donde los guardaespaldas intentan mantener a raya a los navajeros, y se suceden las riñas por la posesión de las seductoras vestidas de leopardo.
Pintan bastos a todos los niveles: los BURNING han editado dos singles en inglés, con problemas de censura por sus poses "glam", y la crudeza de las letras de su nonato LP "Sólo para mujeres" les deja en la calle sin discográfica y con algunos miembros haciendo el servicio militar. El mismísimo Toño suple a Risi tocando en esos meses la guitarra, en un intento solidario de evitar la disolución de la banda, y Pepe, cuando logra permiso en el cuartel, se incorpora a su grupo. Hay poco dinero, pero mucho entusiasmo por la música, y cuando uno de los baterías flaquea, Toño se le encara y le dice: "¿Tú estás aquí por el rock o por la pasta?". Poco después el "batera" elige los estudios y se marcha.
Pero Burning, valga la redundancia, está forjado a prueba de fuego. La mili acaba, las cosas mejoran, y entre 1978 y 1980, los años más fértiles de la banda, en que viven todos juntos compartiendo drogas, historias de novietas y lances del barrio, salen tres LPS, Madrid, El fin de la década, y Bulevar. Los dos primeros de clara estirpe "stoniana" con pinceladas punkys, "velvet", e incluso sinfónicas; y el último, un dificultoso y parcial coqueteo con la nuevaolera movida madrileña, que se combina con los ásperos textos sobre "El Jaro", y tampoco traiciona al rock, como demuestra la contundencia de los riff de guitarra de Risi.
Los BURNING tienen una fórmula, un estilo propio, pero los mercados van por otro lado y no quieren saber nada de héroes de barrio vestidos con chupas de cuero. Molan más los chándales, la pijería, incluso los excéntricos ataviados de pose technicolor. Los BURNING no saben bien hacia donde tirar, y como suele ocurrir en estos casos, cada músico va hacia un lado distinto, y el conjunto se desgarra. La heroína, para colmo, se está cobrando ya su oscuro tributo , y es motivo de distanciamiento.
Quique ya se ha ido, vencido por una historia que se le ha hecho demasiado grande; Toño está más enganchado que nadie, y se ha metido en una burbuja de genialidad en la que rumia sus historias más íntimas y personales: su paternidad, su separación, la droga como tótem en que concentra toda la rabia de su amor y su odio. El grupo no le sigue, está paralizado en medio del camino, mientras Toño, cantando mejor que nunca, cada vez más Lou pero menos BURNING, elabora la portada y graba casi en solitario el enigmático Atrapado en el amor (1982), aunque debamos recordar que el magnífico y estremecedor Hermano lo ha compuesto en solitario Risi. El disco, sin parangón en la discografía española, excepcional bajo el punto de vista de la visión del drama íntimo de la vida, pero apenas reconocible como un disco de BURNING, casi no se vende. La crisis está servida en todos los flancos: personal, musical, existencial.
Poco después, en el invierno de 1983, cuando Antonio, Pepe Risi y Johnny, que ya no conviven ni se ven a menudo, se juntan para cobrar los derechos de autor, y recalan para reponer fuerzas y gastarse parte de las "pelas" como acostumbran en la cervecería Santa Bárbara, se produce un episodio confuso y crucial: Toño, de improviso, invita a Risi a marcharse con él y el bajista a Bilbao. La invitación no se extiende a Johnny, que premonitoriamente en la portada de Atrapado en el amor ha quedado fuera, relegado por Toño a la otra cara. Y es que las relaciones entre el teclista y el cantante están rotas, según Johnny porque él le reprocha con mayor acidez su dependencia al jaco y el cambio musical -nos falta la versión del propio Toño, ya ausente para siempre-.
Risi duda, pide tiempo, atrapado ahora él también en ese doble amor a Johnny y Antonio. Hay una cuestión formal: en Bilbao ya no podrán ser BURNING, porque en el ínterin Johnny ha registrado el nombre del grupo para sí. Y Risi toma la difícil decisión de mantenerse junto a Johnny, con lo que ello implica de decir adiós al carismático colíder de la banda. No sabemos lo que pesó más en el ánimo de Risi, tal vez el ver a Antonio caminando demasiado deprisa hacia el precipicio. Pero las relaciones personales de Pepe y Toño nunca cesaron, y Antonio pernoctó muchas veces en la casa de Risi en sus escapadas a la capital.
Por lo que hace a la banda, Toño deja Burning y su ciudad de siempre, Madrid, arrastrando en su viaje a Bilbao al nuevo bajista, Manolo Fernández, que se ha echado una novia bilbaína; y ambos intentan allí sin éxito editar una maqueta de la que no hemos vuelto a tener noticias. Desanimado del mundo de la música y preso de sus propios fantasmas, se reinventa a sí mismo refugiándose en el pueblo de Briviesca (Burgos) donde pretende rehacer, lejos de las drogas, su matrimonio roto con Esther (en los tiempos más bellos había compuesto para ella No es extraño que estés loca por mí) y su paternidad con su hijita Penélope (¡Loco por ti, Penny!).
Demasiado esfuerzo para Antonio, forjarse una nueva personalidad bucólica y bienpensante a partir de un noctámbulo, gamberro y algo melancólico hijo del asfalto de Madrid. Pepe Risi, que le lloraba desde allí ("Una noche sin ti"), ya le advierte que el cambio es imposible: ("Creo que la corbata a ti no te va..."). Pero él lo intenta, y cuando BURNING se acerca a tocar a la mismísima Briviesca en 1984, en un momento especialmente dramático , acude a escuchar a su banda de siempre, como un espectador más, junto a su mujer; pero, a pesar de las peticiones de Risi y el clamor del público, se niega a subir a cantar, y permanece sentado. Ha renunciado a la música. Y Toño trabaja en la peluquería de su mujer, en el ayuntamiento, en la construcción del acueducto -único período en que, según dicen sus allegados, fue feliz-, y finalmente se convence él mismo de que tiene que volver a la ciudad. La gran ciudad. Por desgracia, allí le esperan de nuevo los fantasmas, y finalmente la muerte.
Con el adiós de Toño, en 1983, hay un momento en que Pepe Risi piensa que no puede tirar del carro solo, que BURNING ya no existe. Pero finalmente, apoyado en Johnny, surgen unas nuevas voces, un nuevo rock and roll que vuelve a ser el de antes, el de Madrid o El fin de la década: Son, efectivamente, las Noches de rock and roll. Y si en este disco hay un tirón de orejas de Risi para Toño ("Y no lo sabrás") también hay mucha nostalgia de su amigo en esa acariciante balada de amor, soledad y sueño desesperado que es "Una noche sin ti".
La muerte del propio Pepe Risi, años después, provoca una nueva crisis, y deja a Johnny, inesperadamente, solo al frente de la banda. Esa noche decide que tiene que seguir. Quien se lo hubiera dicho en 1974, cuando se unió como pieza de encaje en la sombra a la formación liderada por Toño, Pepe Risi y Quique. Ahora ya solo queda él, de "los viejos", aunque Edu Pinilla y Carlos llevan también muchos años, son auténticos "burning". Haciendo de la necesidad virtud, él, y Edu Pinilla, y Carlos Guardado, toman la única decisión posible: hacerse más grandes, rodar más carretera, llenar como puedan los huecos. Ahora ya no hay saxo, y entra en cambio la segunda guitarra de Jaime Asúa (ex Alarma). El sonido se ha vuelto más rugoso y sureño, y Edu asume un nuevo liderato compartido con el veterano Johnny, que está fuerte y canta en plena forma, y sigue tocando su piano de toda la vida. Y aunque nadie pretende cambiar el pasado, tampoco puede vivirse de él. Y aunque nadie quiera ni pueda sustituir la voz de Antonio ni la negrita de Pepe Risi, los nuevos BURNING son todavía BURNING, siguen siendo los BURNING.
Burning en Directo-[DVDRip][Divx 5.05][mp3 VBR][1er Aniversario www.ed2kmagazine.com].aviUn saludo.
PD: Perdonar por el rollo